En psicología existe un término llamado insight, (en español un ¡ya coño! según el psicólogo Bonifacio Cabrera) Mediante un insight el sujeto «capta», «internaliza» o comprende, una «verdad» revelada. No existe una norma, no a todas las personas nos pasa lo mismo, pero si es cierto que a todos/as nos llega un insight. Después de ese momento, como decía Steve Jobs comienzas a enlazar los puntos mirando hacia atrás y empiezas a comprender…

En mi caso, yo tuve ese insight con 27 años, ni muy pronto ni muy tarde, todo pasa en el momento en el que tiene que pasar y todo siempre tiene un motivo. Recuerdo que estaba en casa de mis padres viendo vídeos de Youtube, y de repente un vídeo dio lugar a otro, le di play y…

(Les dejo el vídeo para que valoren ustedes mismos/as)

Comencé a llorar como un niño, sentí que me iba a asfixiar de tanto llorar, seguí viendo vídeos relacionados de más chicos transexuales y sentí que por fin era consciente de lo que me pasaba y pensé que no estaba solo, cosa muy importante cuando sientes que eres un bicho raro, me di cuenta de que yo quería ser como ellos, en realidad quería ser yo mismo, quería por fin ser un hombre para mi familia, para mis amigos y para toda la sociedad…

¿Y cómo ser un hombre? ¿Diciéndolo y ya está? ¡Qué va! No iba a ser tan fácil, necesité información, mucha información, me enteré de que tenía que esperar dos años según la ley española para poder tener mi documentación como hombre, que tenía que pasar por una unidad de género en el hospital donde un psicólogo, un psiquiatra y un endocrino me dirían si era adecuado que comenzara el proceso de reasignación de género y también evaluarían si era apto para comenzar a hormonarme, proceso obligatorio si quería mi dni como hombre y con mi nuevo nombre.

He de confesar que para mi las hormonas fueron mi primer regalo, entre la alegría que me proporcionaba imaginarme con barba y con voz grave y lo que suponía tener un “chute” de testosterona en mi cuerpo, sentía que podía con todo y que era capaz de comerme el mundo pero… Seguía sin ser fácil ser yo mismo, puesto que un hombre con tetas no es aceptado en la sociedad y a mí me había tocado una 110, (si no sabes de tallas, pues te explico que era muchísimo pecho, tanto que aún con faja, aprendiendo a respirar, con un calor horrible y sangrando muchas veces, se me seguía notando y me seguían mirando por la calle…) Aquí, hago un paréntesis para agradecer a María José Hinojosa, (Psicóloga del Colectivo Gamá) que fue la primera persona que me hizo entender que el problema no era mío, si no de la sociedad.

Sin embargo, no era capaz de soportar seguir viviendo con aquellos bultos, como yo les llamaba, así que fui al cirujano a preguntar como sería la mastectomía, porque sinceramente aún sabiendo por fin lo que me pasaba, mi mayor miedo era que no sabía si iba a soportar inyecciones, operaciones, preguntas, prejuicios, discriminaciones, discusiones, etc…

¿Cómo no soportarlo? Si la recompensa ha sido mayor que todo el sufrimiento, porque en mi caso, ha sido una mezcla de suerte y de trabajo con las personas de mi entorno, hay que informar y educar para poder disfrutar del respeto y del cariño de la gente. No todo ha sido un valle de lágrimas ni tampoco ha sido de color rosa, ha sido un camino lleno de aprendizaje, con tropiezos y decepciones pero sobre todo con mucho amor y un crecimiento personal impresionante.

Como decía antes, mirando ahora hacía atrás y hablando con otros chicos transexuales veo tantas señales, pero en ese momento no tenía información ni la libertad suficiente como para aceptarme, no fue mi familia, fui yo mismo quien le puso una cárcel a mi verdadera identidad.

Recuerdo esos momentos de llanto porque mi padre se afeitaba y yo no, cuando en el cole le decía a mis amigas que dentro de mi había un chico, que luego se multiplicó y eran tres “Jack”, “Jhon” y “Michael” (De ahí venía ya mi “pedrada” audiovisual, escribiendo guiones…) Recuerdo cuando veía a mis amigos con su ropa nueva y como los envidiaba, me quedaba prendado de los escaparates de ropa masculina, al contrario que con los de chicas, es más, ir de compras conmigo era una odisea, un infierno. Iluso de mi, pensaba que era por estar gordo pero mi rechazo iba más allá…Recuerdo cuando me declaraba a alguna chica y me decía que ella no era lesbiana, había algo en mi que me decía que eso daba igual, porque yo era diferente y se lo intentaba explicar de mil maneras, (lógicamente esto las chicas no lo entendían, así que nunca me dieron la oportunidad)

Mi adolescencia podría haber sido muy fácil, por la buena educación que me habían brindado mis padres, pero yo me obstinaba en buscar problemas, de algunos si se enteraron en aquel entonces, otros se han ido enterando con los años, incluso me autolesionaba y tuve mis “jugueteos” con la muerte. Luego con el tiempo conocí que no era el mío el único caso de un menor transexual que llega a ese tipo de situaciones, son el “escape” para tanta confusión e impotencia.

Así que volviendo a la pregunta de ¿cómo me di cuenta?, quisiera aclarar que cada persona lo vive diferente, que no hay una edad ni unos patrones y que muchas veces es una cadena de señales que desembocan en un “no puedo más, necesito ser yo mismo/a”, luego es muy importante la aceptación familiar, el entorno en el que la persona se mueva, que tengas personas afines a ti con las que hablar porque como siempre digo, no es lo mismo imaginarse lo que es ser transexual que entenderlo porque lo vives día a día. Yo siempre he sido transexual, siempre lo voy a ser y no es nada negativo, para mi no es lo único que me define pero si es lo que más me ha hecho crecer.

Realmente lo que ocurrió es que un día me di cuenta de que no hay nada más importante en esta vida que aceptarte y quererte más que a nadie en este mundo, porque como bien me dice mi madre, soy la única persona con la que voy a vivir 24 horas al día hasta que me muera.

¿Y tú? ¿Eres tu mismo/a?¿Cuándo te diste cuenta?

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